15 de mayo de 2007

El monstruo

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Cuando era pequeño, un día en la obscuridad de la noche, apareció un monstruo terrible.

Era horrendo, la cosa más fea que he visto en mi vida. Tenía afiladas garras en vez de manos, su piel era áspera como lija, lo cubría una sustancia viscosa de olor nauseabundo, tenía grandes ojos centelleantes y amenazadores. Me superaba mucho en tamaño y fuerza. De sus grandes fauces escurría saliva ácida que me quemaba; los colmillos parecían de hierro y de una mordida me arrancó un pie.

Dejó una cicatriz muy grande que jamás enseñé a nadie, además me tomarían por loca si dijera que un monstruo salido del infierno me atacó. Los adultos no creen en monstruos.

Pasaron algunos años y no volví a ver nada, sin embargo en mi mente quedó el recuerdo de aquella bestia infernal, un recuerdo que poco a poco fui sepultando en lo más recóndito de mi memoria.

Crecí y me di cuenta de que los monstruos no existen. Con madera del árbol frente a mi casa, fabriqué un pie artificial para que nadie supiera que cojeo. Si de casualidad alguien me llegaba a preguntar qué me había pasado, simplemente respondía que un accidente sin dar más explicaciones. Tantas veces en mi mente reconstruí ese accidente ficticio, que incluso llegué a creérmelo.

Ahora en la edad adulta he aprendido que sólo los seres humanos pueden hacer daño. Tomé la determinación de que nunca nadie me lastimaría. Preparé tácticas de defensa, preparé armas que siempre traigo conmigo para protección. Mi estatura y mi volumen corporal han aumentado considerablemente. Ahora soy un hombre hecho y derecho con principios firmes y valores sólidos. Sé manejar armas, y dar y recibir fuertes golpes. He aprendido que los monstruos sólo existen en la imaginación y uno los hace reales alimentándolos con su miedo. Pero ya dejé de tener miedo, soy valiente y de un golpe podría matar a quien intente dañarme o lastimar a cualquiera de mis seres queridos. Tengo los elementos necesarios para un contraataque en caso de que sea necesario.


Hoy el monstruo volvió a aparecer, aquí, frente a mí. Existe, es real. Sigue siendo enorme y terrible, tal como lo recuerdo. Mis armas y mis tácticas de defensa no sirven de nada... después de todo aún soy un niño con los mismo temores que creí haber dejado atrás. Y en lugar de enfrentarlo y matarlo, salí corriendo lo más rápido que pude hacia mi cuarto para esconderme en el clóset, esperando que el monstruo no pueda encontrarme ahí.

(Dolores Garibay)

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1 comentario:

Silvia dijo...

Mi vida:

De las cosas que escribes, considero que esta es una de las mejores, pues refleja algo que muchas ocaciones la gente se aferra a dejar oculto o enterrarlo sin enfrentar la realidad.

TE AMO