Sé que ya no soy una niña que quiera pedir juguetes… bueno, no juguetes infantiles, pero sí como de esos para adultos que venden en las “sex chops”… unas botas negras de látex con tacón de aguja y un látigo sería bueno, por ejemplo, o un rosario chino, o un disfraz de colegiala o de enfermera, o lencería de encaje negro con rojo (y si es con la modelo adentro, mejor), o un tubo portátil para sacar mis dotes de teibolera y bailarle a mi mujer…
¡YAAAAAAA….Basta! Uno de mis propósitos para el 2009 –además de los reciclados de años anteriores como ahorrar, limpiar mi cuarto, bajar de peso, viajar… conseguirme un trabajo para dejar las ociosidades- está el deshacerme de todo el cochambre mental que durante décadas se me ha acumulado. Tengo que alejar todas esas perversidades de mi cabeza. Reyes Magos, tráiganme una mente pura y casta, libre de malos pensamientos…
Ja ja ja, eso ni volviendo a nacer ¿verdad?
Pero ya hablando en serio, lo que les voy a pedir está un poco más difícil… ¿no podrían devolverme las horas que perdí en tránsito, el año pasado, en las calles de mi amada Chilangolandia? Pensando un poco y haciendo cuentas, de mi casa al trabajo o a casa de mis padres antes hacía 45 minutos –ya contando el tráfico- y ahora hago en promedio dos horas, eso me da como resultado hora y cuarto de diferencia (75 minutos, lo que dura la novena sinfonía de Beethoven); multiplicado por dos (ida y vuelta) son dos horas y media diarias; multiplicado por 6 días a la semana (el lunes no circulo) son como 15 horas; multiplicado por 52 semanas del año son 780 horas
¡780 horas de mi vida perdidas en el tráfico! que son el equivalente a 32.5 días del año, poco más de un mes del 2008 la pasé bien productivamente detrás del volante en un embotellamiento, un mes que jamás podré recuperar… y luego me preguntan por qué soy tan neurótica y una psicópata en potencia.
¿Saben lo que podría haber hecho con esas 780 horas irrecuperables de mi existencia? ¿saben cuántos libros pude haber terminado en 32.5 días? ¿saben cuántos compromisos cancelé por no poder llegar a tiempo? ¿saben a cuántos amigos que realmente me necesitaban pude haberles regalado de todo corazón mínimo dos horas de esas 780? ¿saben cuántas horas de sueño pude haber aprovechado en mi camita, cobijada, sin frío en vez de salir a las 5 de la madrugada para llegar a tiempo a trabajar? ¿saben cuántas películas pude haber visto? ¿o cuántos discos de buena música escuchado? ¿o cuánto pude haber ahorrado en gasolina? ¿a dónde se fueron esas 780 horas? ¿quién me las va a devolver?
Así que, querido Reyes Magos, ya que ustedes son magos, usen su magia para recuperarme esas horas, o mejor aún destituyan de su cargo a nuestro jefecito de gobierno de la Ciudad de México y exíjanle que me devuelva todos y cada uno de esos valiosos minutos de mi vida perdidos en el limbo del tráfico –como ayer- por sus pinches obras de vialidad.
Ahora que si lo del tiempo no se puede, pues me conformaría con Monica Bellucci envuelta en papel celofán –pero sólo con papel celofán- y eso compensaría las 780 horas perdidas

¡GRACIAS! Les dejé unos churros de marig... ejem, ejem, de chocolate y leche a sus renos para que puedan volar mejor
¡Ah no! los renos son del anciano tacaño barbón con barriga cervecera que viene antes que ustedes y que tampoco me ha traído ni un cacahuate… da igual, los churros son para sus elefantes y los demás animales que traigan.
Besos chilangos
P.S. Aún sigo esperando la máquina de raspados y el hornito mágico que año tras año les pedí ¿eh? y que JAMÁS se dignaron a traerme. No crean que porque ya transcurrieron veinte años se me ha olvidado.











