15 de mayo de 2008

Prohibido prohibir

Hace algunos años fumar era sinónimo de caché, de altura, de refinamiento y buen gusto.

Grandes divas como María Félix

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Marlene Dietrich

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Greta Garbo

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Rita Hayworth

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Audrey Hepburn

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y Marilyn Monroe

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constantemente aparecían con un tabaco entre sus dedos. Es probable que no fueran fumadoras habituales, pero el cigarro era parte de la pose seductora que caracterizaba a estas mujeres.

En algún punto de la historia este concepto se desvirtuó. En parte se debe a los efectos tan nocivos del tabaco, al mal aliento que produce, al cáncer pulmonar como efecto secundario de la nicotina, etc, etc. Si a principios de siglo el cigarro se asociaba al buen gusto, para finales de la misma época ya estaba satanizado. El fumador ahora es una persona irresponsable, poco conciente de la salud propia y de los demás, un apestado, alguien que debe ser erradicado a toda costa.

El fumador, para muchos, no es sino un genocida bonsai, un Himmler que lleva en su bolsillo la cámara de gas y que su única meta en la vida es asesinar lentamente a los pobrecitos no-fumadores.

(Lobo)

No soy fumadora constante. Tengo mis épocas en las que el cigarro me da asco y otras –como ahorita- en las que mi organismo requiere de grandes cantidades de nicotina. A veces lo mejor de un cigarro no es “tragar humo” como dice mi madre, sino la agradable compañía que generalmente va asociada al tabaco. Me refiero a la sobremesa que viene después de una comida con amigos, en donde pueden transcurrir largas horas de pláticas constructivas acompañadas de varias tazas de café y cigarrillos.

La estúpida Ley Antitabaco que nuestros ilustres legisladores promulgaron y entró en vigor desde los primeros días de abril de este año, le ha dado en la madre a toda esto. Ya no hay más sobremesa, ya no hay más plática agradable, ya no fluye la economía al no consumir más café en los restaurantes… Eso me molesta igual que a muchas otras personas. Y no nada más se prohibió fumar en restaurantes, también está prohibido hacerlo en bares, cantinas, discotecas, tugurios y demás sitios de dudosa reputación 0_o ¿alguien podría decirme en qué cabeza cabe semejante estupidez?... Para qué pregunto: en la de nuestros legisladores.

Bueno, al menos en este blog no somos intolerantes, aquí si se puede fumar.

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14 de mayo de 2008

Limón y Sal

Para: EL AMOR DE MI VIDA






www.quedeletras.com


13 de mayo de 2008

Conejita de Playboy

¿Alguna vez soñó con ser conejita de Playboy? ¿Con vivir en la enorme mansión al lado de Hug Hefner? ¿Con ser elegida la playmate del año?

Si su respuesta es afirmativa, pues ya hay una manera en que puede presumir a sus amistades que apareció en la portada de tan prestigiosa revista.



Den click aquí y sigan las sencillas instrucciones.



No necesita ser Britney Spears para aparecer en una revista. Ahora esta oportunidad está al alcance de cualquier simple mortal que desee aparecer en las portadas de las revistas de más prestigio a nivel mundial. Desde Playboy, hasta National Geographic.










Inténtelo, ahora gracias a estas maravilla llamada Internet, ya puede cumplir todos sus sueños XD

11 de mayo de 2008

Mother India

Con un día de retraso, pero FELICIDADES A TODAS LAS MADRES DE LA BLOGÓSFERA.



En esta ocasión una película muy ad hoc que vi hace un mes trata del tema de la maternidad sufrida y difícil de una mujer en la India.


La protagonista, Radah, es una mujer de la India que se casa con un hombre de pocos recursos económicos -como la mayoría de los habitantes de esa nación- y ambos adquieren una deuda con un prestamista para poder realizar su boda.


Esta deuda es el inicio de la “maldición” que caerá sobre el matrimonio. Primero, el prestamista les quitará la mitad de las tierras para cubrir una parte del pago, pero la mitad de esas tierras son la parte fértil, así que Radah y su marido deberán remover las piedras del territorio restante para poder cultivar su alimento. En esta tarea el esposo sufre un accidente y pierde ambos brazos, por lo que queda incapacitado para trabajar. Conciente de su situación, abandona a su mujer y a sus hijos para no convertirse en una carga para ellos. A partir de este momento Radah se convertirá en el único sustento para su familia y deberá lidiar con las deudas que tiene pendientes. El prestamista cada mes acude por su pago y cuando la familia no puede entregar la cantidad mínima de dinero requerida, los embargos comienzan a hacerse cotidianidad. De esta manera el prestamista se queda incluso con los animales de la familia que sirven para trabajar. Radah deberá tomar la yunta entre sus brazos para seguir labrando la tierra y sacar adelante a su familia.



La vida para ellos es muy difícil porque casi no tienen comida y una inundación arrasa con el escaso patrimonio que tienen. Es en este desastre donde Radah pierde a su hijo más pequeño. Las deudas la rebasan y tiene que comenzar de nuevo con la reconstrucción de su casa y de la población.

Los hijos crecen en ese círculo de pobreza, hasta que Biju, el menor, se convierte en un joven pendenciero y rebelde que se mete en problemas constantemente. Él será quien percate del fraude del que su familia es víctima con el prestamista y hará todo lo posible por librarse de aquella “maldición”.

Las películas de la India, no varían mucho de las del Cine Mexicano de la misma época (año 1975). La imagen de la madre sufrida, abnegada, sacrificada y demás, es muy similar en todas las culturas. La película a veces peca de dramática y desgarradora, pero es buena en términos generales. El final me gustó mucho porque le da un giro inesperado a la historia.

Mi recomendación es que la vean si tiene oportunidad. La remasterizaron en DVD en el 2004.


7 de mayo de 2008

Catársis Buga...


BUGA = HETEROSEXUAL

Mi mujer y yo planeábamos legalizar nuestra unión en Sociedad de Convivencia este 14 de mayo, pero debido a factores burocráticos y a la notable eficiencia de los empleados del gobierno, nos hemos quedado sin fecha… Aparentemente se pospondrá el evento para el día 30 del presente mes del año en curso, pero la hora todavía no nos la proporcionan en la delegación ¬¬

Me siento como si me hubiera dado un infarto cerebral porque estas últimas semanas me dediqué a intentar sacar del clóset a la buga que hay en mí (yo sabía que estaba ahí, en serio, Kensley decía que nadie es 100% heterosexual u homosexual, así que mi buga reprimida tenía que salir aunque me viera en la necesidad de sacarla arrastrando y de los pelos) Por fin salió, aunque no completamente, ni falta hace. He de reconocer que se portó bastante cooperativa aunque me ha hecho la vida –y el hígado- de cuadritos.

Todo lo que quería era que me ayudara con toda esa clase de joterías y buguerías y volviera a su armario después del 14. Pero ahora me arrepiento de haberla sacado de ahí ya que me ha ocasionado una serie de traumas de los que nunca pensé ser víctima.

¡QUÉ COMPLICADAS SON LAS MUJERES, DIOS MÍO!

Trauma 1:

Para el evento decidimos ir de vestido o falda (gran error), medias (grave error), y zapatos de tacón (gravísimo error). Pues al menos yo no tengo ni un pinche vestido o algo que se le parezca entre mi ropa, ni zapatos de esos dizque “formales” que bien le hubieran servido a la Santa Inquisición en la edad media como instrumento de tortura. Mi clóset se compone principalmente de pantalones deportivos, tennis blancos y playeras talla XXXXXXXL que parecen tiendas de campaña pero que, en su mayoría, son recuerdos de mis viajes por diversos lugares de México. En las mañanas nada más agarro un pantalón y una sudadera que combinen, cualquier playera y tennis color blanco estándar para que no me vea como chilaquil, y no me complico la existencia por pendejadas como si tal cosa se ve bien o por creer que no tengo nada que ponerme. Yo digo que soy práctica; mi mamá dice que soy fodonga. Cuestión de perspectivas.

Pues bien, en estas semanas la buga se ha encargado de hacerme ver que mi manera de vestir no es la apropiada, que tengo ropa muy informal y poco femenina, así que me di a la tarea de buscar algo más adecuado siguiendo sus sabios consejos.

Me fue de la chingada, nunca llegamos a un acuerdo y terminábamos peleadas.

Trauma 2:

¡ESTOY GORDA! La verdad es que pocas veces en mi vida me he preocupado por mi talla. Por lo general me importa un rábano pero en esta ocasión, para el evento, la buga me hizo creer que parezco una vaca. Lo peor del caso es que esa creencia quedaba reafirmada cada que visitábamos una tienda de ropa y las únicas tallas que vendían eran para bulímicas y anoréxicas. De las pocas prendas que me llegaban a gustar, no había talla grande, así que debía buscar otra cosa. Cuando por fin encontraba algo que según podía quedarme, a la hora de probármelo, o a la ropa le faltaba tela, o a mí me sobraba cuerpo. Carajo, tengo una percepción errónea de mi fisonomía, yo no me siento tan ancha, pero ya comprobé que sí...

Entonces ella sugirió que debíamos ponernos a dieta… que palabra tan odiosa, pero en fin, había que hacer sacrificios, así que en las últimas semanas me dediqué a comer pasturas y demás hierbas dietéticas, y bailar Zumba. Aunque la buga no estuviera de acuerdo, algunos fines de semana comía lo que se me daba la gana, claro, al lunes siguiente las cosas volvían a la bugués normal propia de esos días. Estuve a punto de sobregirar las tarjetas de crédito encargando esos parches reductivos maravillosos que anuncian en la tele por las madrugadas y con los que puedes bajar 20 kilos en una semana o una mamada así.

Por primera vez en mi vida no me agradaba la imagen que el espejo me devolvía, entre más me miraba, más defectos me encontraba… como cualquier buga promedio. Entré a formar parte de las estadísticas del 98% de mujeres occidentales que están inconformes con su cuerpo. Digo, siempre he sido consciente de que no soy Miss Universo, mi cuerpo no es perfecto, pero es funcional. Fuera de la gastritis, tengo todo completo, no me falta una pierna o un brazo ni tengo limitantes físicas que me impidan desenvolverme con libertad en mi vida cotidiana.

Trauma 3:

Me hice a la idea de que en una semana no iba a perder todo el peso que en años he acumulado. Mi trabajo me ha costado, horas enteras dedicadas a la gula no son fácil de tirar por la borda. Así que la buga y yo tuvimos una ardua discusión –ayudadas por mi psicólogo de cabecera- y llegamos a una tregua. Ni yo iba a exponer mi salud para darle gusto, ni ella seguiría fregando con que parezco vaca.

Así que mejor nos enfocamos a buscar ropa adecuada a nuestra fisonomía… lo cual resultó desastroso.

-Eres primavera, esos colores no te quedan- me dijo en una ocasión, y yo con cara de ¡¡¿Eh?!! (*_o ¿me podría repetir la pregunta?) no entendía a qué se refería.

-Quiere decir que los colores cafés no te quedan. Debes buscar un azul o rosa pastel o colores más claros para que resalten el color de tu piel.

Y ahí estoy buscando colores “primavera” para una vestimenta adecuada. A mí me gustan los colores azules –oscuros y claros-, morados y lilas, café claro, beige o caqui. A la buga le gustan las joterías como azul cielo, verde agua, rosa pastel o lila. Así que de común acuerdo, decidimos que el vestido o falda fuera de color lila.

Largas horas caminamos por toda la ciudad recorriendo tiendas y más tiendas buscando un vestido corte imperial –creo que se llama así- lila, o en su defecto, una falda y una blusa del mismo color. No tuvimos suerte.

Nada apretado para ese día, le dije a la buga y a mi mujer. A la buga no le pareció, pero a mi mujer le encantó la idea, así que decidimos elegir un estilo medio hippie-hindú con colores claros.

Todo ese desmadre para que acabara comprando una falda azul con blusa blanca porque jamás hubo ropa color lila. Me lleva la chin...

Trauma 4:

Cuando por fin encontramos la vestimenta que queríamos, sólo quedaba un problema: los zapatos. Si por mí fuera, acudiría en tennis para la unión, pero no es apropiado, así que había que buscar el calzado adecuado. Tenía que considerar que mi pie es pequeño y ancho, de “tamal” para que me entiendan.

Los zapatos para mujer tienen un inconveniente devastador: si son bonitos, no son cómodos, y viceversa. Entre mis antiguas joterías rezagadas en casa de mis padres encontré unas zapatillas abiertas color lila de tacón del 9, bien femeninas y bien bugas. Después mi suegra me regaló otras muy parecidas color plateado. Pues ambos pares se ven muy bonitos en mis pies, pero si doy más de dos pasos corro el riesgo de dejar impreso mi rostro en el suelo. Carajo, no sé caminar con esos pinches zapatos, necesito ir haciendo tierra con la pared o del brazo de algún alma caritativa que cuide que no vaya a irme de bruces.

-Aprende a caminar, sin miedo- me decía la buga- recuerda, espalda erguida y paso seguro, talón-punta, talón-punta.

Suena muy fácil, pero cuesta trabajo. Caminaba como pollo espinado y mis tobillos sufrieron algunas torceduras. Ya desde hace años un ortopedista me dijo que no puedo usar tacones por el arco tan pronunciado de la planta de mi pie. Herencia de mi papá. Así que de nuevo tuve que negociar con la buga.

-Sólo van a ser unas horas- me decía- la belleza cuesta

-¿Y a mi qué me importa que cueste? Quiero algo cómodo, aunque no se vea bien.

Uno de los traumas impuestos por mi santa madre desde mi más tierna infancia, es justamente el visitar miles de zapaterías. Para la buga eso es fascinante, para mí que soy lesbiana, resulta frustrante.

Y hasta la fecha no hemos encontrado un par de zapatos que sean cómodos y no se vean tan mal…

Trauma 5:

Una de las ventajas del pelo corto es que no tengo que pasar la mitad de mi existencia peleando contra mi propia cabellera. Hace más de un año que me lo corté y ahorita ya está un poco crecido, como al hombro. Mi idea original era hacerme una coleta hacia atrás y todo relamido con tres kilos de gel encima para que el viento no me desacomodara ni un pelo. Nuevamente la buga estuvo en desacuerdo, como mi corte está en capas, sugirió que fuera de cabello suelto peinado con las puntas hacia afuera y que me pintara de castaño claro para que resalte más mi tono de piel. Accedí a eso, después de todo un cambio no me vendría tan mal y no sonaba tan complicado. Fue la primera situación en que la buga y yo estuvimos de acuerdo y no salimos de la greña.

El maquillaje, el bendito maquillaje. La verdad es que no sé pintarme la cara, las pocas veces que lo he hecho parezco payaso, así que la buga me mostró la Biblia de toda mujer heterosexual –es decir, una revista Cosmopolitan- y buscar consejos ahí. Después de leer mi horóscopo sexual para el 2008, las 10 cosas que hacen feliz a tu hombre en la cama, y la mejor manera de alcanzar múltiples orgasmos, decidí buscar información en otro lado.

En alguna parte escuché –no recuerdo dónde- que si el evento es en la noche, entonces es válido utilizar maquillaje brillante y vestimenta con lentejuelas o cosas parecidas. Aprendí la diferencia básica: si utilizas cosas brillantes en el día, eres naca, si las utilizas en la noche, entonces eres elegante… qué complicadas son las mujeres. Y tuve que comprar maquillaje para la ocasión porque en mis cosas de uso personal, no existía eso.

El reverso de la tortilla: una pequeña reflexión

Después de todos los trastornos que la buga me causó, volví a encerrarla en el clóset bajo siete llaves, candado y chapa de seguridad. No volverá a salir. Por lo menos no en mucho tiempo.

Ser lesbiana es mucho más sencillo que ser heterosexual, al menos para mí. No debo preocuparme por trivialidades como la ropa, los kilos que tengo o no tengo de más, no tengo que ocultar las imperfecciones de mi rostro con toneladas de maquillaje que después deberé remover con espátula y aguarrás, no estoy de malas todo el día sólo porque los zapatos me lastiman, no tengo que competir con otras mujeres por ver quién se arregla mejor, no tengo que “disfrazarme” para atraer a un hombre, ni nada de eso.

En esta ocasión tuve que sacar mi lado buga para lo de la unión. No me arrepiento, quería romper un poco con ese estereotipo de que una de nosotras se vista de hombre y otra de mujer, o ambas de hombre –una de nuestras amigas quería que fuéramos de frac- finalmente las dos somos mujeres y quería que se viera de esa manera. Claro, desde mi perspectiva lesbiana todo se veía muy sencillo; desde mi perspectiva buga, resultó más complicado de lo que pensaba.

Soy "una verdadera lesbiana, desde la L hasta la A"–utilizando la finísima expresión de Hugo Chávez, pero con otras palabras- y el traje de buga no me queda ni por error. Yo no soy totalmente palacio, soy totalmente Maseca.

Una vez más comprobé que debo ser extraterrestre. Si las mujeres son de Venus y los hombres son de Marte, las lesbianas ¿de dónde somos?