27 de agosto de 2009

Confesiones de una alma atormentada (vol.II)

¡Ay Dolores, por qué eres tan metiche? siempre quieres saber lo que existe en el fondo del alma de una persona...

¿qué tu táctica es interrogar a alguien sobre los oscuros secretos que guarda para que tú tengas un tema del cual escribir?

...

Por ahí, en alguna parte de la carta de derechos que los pioneros de la independencia de E.U. redactaron, creo que hay un punto sobre que el hombre tiene derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad... una frase que resulta mucho más complicada que las cinco palabras que la conforman.

¿Y qué chingados es la felicidad?

Como diría Einstein, todo es relativo. Cada persona tiene su concepto propio de felicidad y lo que para algunos es bueno, para otros resulta superficial; algunos buscan la armonía con todo, otros se pierden en una espiral autodestructiva que, según ellos, los hace sentir excelente.

A nivel científico, eso que llamamos felicidad no es más que un conjunto de impulsos eléctricos en el cerebro que proporcionan una sensación de bienestar... impulsos eléctricos... ¡electricidad nada más! ¿habías escuchado algo más ridículo?

La búsqueda de ese derecho a veces nos lleva por caminos tan, tan absurdos que pareciera como si tratáramos de sabotearlo. Una de esas formas estúpidas es, por ejemplo, tratar de retener a toda costa a alguien que ya no nos quiere y que tal vez nunca nos amó. A veces en ese afán de aferrarnos a migajas, a naderías, a fantasmas imaginarios nos llevamos entre las patas a otras personas... creo que el límite de la felicidad debería ser hasta el momento en que herimos a terceros... y sin embargo habemos quienes ni así nos detenemos...

No recuerdo el amor...

Quiero decir, no recuerdo el senirme bien con un hombre ni conmigo misma. No recuerdo la ilusión ni la esperanza. No recuerdo la emoción de un beso o una caricia...

Todo lo que recuerdo es el momento en qué las cosas se descompusieron, en que comenzaron los problemas por... cualquier estupidez que fue creiendo hasta convertirse en una avalancha que nos arrasó a todos. Sólo recuerdo las noches de desvelo pensando "¿qué fue lo que falló?" Por más que me esfuerzo no logro recordar algo que se asemejara mínimamente a la felicidad.

De hecho, no recuerdo ningún momento de felicidad en mi vida...

Bueno, sí, sólo una vez, cuando era niña.

Recuerdo que cuando tenía cinco años mi familia y yo fuimos a un paruqe a romper una piñata. No recuerdo cuál era el motivo de la celebración... tal vez mi cumpleaños o el de alguno de mis primos. Mi mamá todavía vivía, todavía estaba sana, todavía no albergaba en su organismo el tumor que le fue menguando la existencia hasta consumirla; mi padre también estaba con nosotros igual que mis abuelos. Es la única ocasión en la que puedo asegurar que realmente he sido feliz... nunca he vuelto a experimentar esa misma sensaci´pn en intensidad. En esa época n debía preocuparme por nada ya que contaba con todo lo necesario: casa, comida, ropa, juguetes, una familia que me protegía y me amaba... Me sentía segura, mi futuro inmediato estaba planeado, pronto entraría a primer grado, luego a segundo... luego a la secundaria, a la prepa, a la universidad, a buscar un trabajo, a formar una familia... Todo parecía tan sencillo... El mundo de los adultos parecía tan lejano que pensaba que nunca llegaría.

Ese ha sido el instante más feliz de mi vida. Sólo fue un día, un instante que he tratado de recuperar a los largo de los años...

No soy feliz.

No soy feliz a pesar de que tengo todo para hacerlo: una familia maravillosa, unos amigos increíbles, un buen trabajo, tengo todas mis necesidades básicas cubiertas, gozo de buena salud, entonces ¿por qué no puedo ser feliz?

Extraño tener cinco años, extraño se una niña, extraño mi inocencia, extraño la protección de mi madre, extraño no tener preocupaciones, extraño sentirme segura y protegida, extraño jugar con mis primos, extraño rodar en el pasto, extraño comer golosinas sin mortificarme por el daño que causen a la salud, extraño mojarme en la lluvia, extraño brincar en los charcos, extraño atrapara las hojas que van cayendo de un árbol, extraño no pensar en el futuro, extraño creer en los Reyes Magos y el Ratón de los Dientes, extraño creer que la gente es buena y honesta...

Tal vez no soy feliz porque no amo la vida. Tampoco la odio, simplemente considero que está sobrevalorada. Nunca he podido entender a la gente que se aferra a la vida de una manera enfermiza porque dicen que es lo más valioso que tiene. Tal vez mi comprensión es limitada porque nunca he estado al borde de la muerte y por lo tanto desconozco el valor de mi propia vida. Aunque si me dijeran que voy a morir pronto, tampoco habría mucha diferencia.

No sé, si me dijeran que tengo un tumor en el cerebro inoperable, igual que el de mi madre, y sólo me quedara un mes de vida no correría con todos mis seres queridos para decirles cuánto los amo ni pediría perdón a quienes ofendí, ni trataría de hacer en treinta días lo que no pude hacer en más de treinta años. Creo que pasaría ese último mes dormida esperando a la muerte en la comodidad de mi cama…

Deseo, con toda mi alma, encontrarle algún sentido a esta vida. Deseo poder encontrar un poco de placer en esos pequeños detalles –a veces insignificantes- que hacen la vida más llevadera como ver un atardecer, ver un cielo estrellado, tomar un capuchino caliente mientras llueve, pisar las hojas secas de los árboles, comer una caja entera de chocolates, dormir con los pies calientes, escuchar una canción… pero no puedo. Quizá tenga el prejuicio de que esas cosas sólo son ociosidades para los que no trabajan y porque todo lo veo más complicado de lo que es en realidad…

Creo que nunca volveré a encontrar una felicidad como la de mis cinco años, ya me resigné… La vida está totalmente desproporcionada: una tarde de felicidad pura y absoluta contra varias décadas de miserable y patética existencia.

24 de agosto de 2009

GATITOS QUE BUSCAN UN HOGAR

De nueva cuenta haciendo un poco de labor social para encontrarle hogar a 13 gatitos que ya no pueden estar con la familia que los alberga por cuestiones de espacio.

Estas son algunas fotos que me enviaron de ellos, la mayoría son color gris y atigrados aunque también hay blancos y negros. Algunos son pequeños y otros ya grandes.

Por favor, si alguien esta interesado o conoce a alguna persona que quiera una mascota, en el DF y área metropolitana, comuniquense conmigo.

044 55 16 46 07 08
besoschilangos@gmail.com






11 de agosto de 2009

La historia de las cosas

Este video me pareció muy interesante. Espero que les agrade y hagan algún comentario al respecto.

Les dejo la URL del sitio por si quieren visitarlo y donde pueden ver este mismo video http://www.storyofstuff.com/international/


Besos chilangos



video

6 de agosto de 2009

Carta a Linda

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Por fin estás en casa, eso es lo importante. Después de la preocupación del fin de semana, las cosas poco a poco regresan a la normalidad.

No supimos a ciencia cierta lo que tenías, aparentemente sufriste una especie de embolia por el estrés al que estabas sometida y porque eres irritable, malhumorada, agresiva y nerviosa en extremo. Nunca había tenido una gata neurótica… todo se parece a su dueño. No lo sé… quizá lo que te ocurrió fue nuestra culpa porque no supimos darte lo que necesitabas. ¿Hemos sido buenas madres adoptivas para ti?

Nadie pensó que te recuperarías, sólo nosotras deseábamos de todo corazón que te curaras y volvieras a casa, a tu casa. Sin embargo, mis padres y mis suegros eran de la opinión de que deberíamos dejarte morir tranquila para que no estuvieras sufriendo… No, no lo íbamos a permitir. Teníamos que luchar hasta el final, no darnos por vencidas, hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para que te recuperaras. Incluso nos llamaron locas y crueles por buscar una alternativa para ti y no sólo optar por la salida fácil “¿y qué el pobre gato tiene que vivir sufriendo sólo porque ustedes quieren que siga con vida?”. Nunca he entendido esa piedad absurda que se tiene con los animales y no con los seres humanos ¿por qué a los animales se les permite “morir con dignidad” y a una persona, no? Si aplicáramos la misma regla para la vida de un hombre entonces habría que darle muerte a los enfermos terminales o a los lisiados… No, no estoy de acuerdo con ese afán de superioridad de la raza humana.

Ustedes son mi familia. Tal vez no encajamos en el molde tradicional, pero Silvia, tu hermana Lola y tú son mi razón de vivir y por ustedes siempre lucharé hasta el final. Lola y tú fueron la causa de que nosotras decidiéramos buscar nuestro espacio y fundar un hogar propio.

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¿Sabrán lo que significan en nuestras vidas? ¿Entenderán la magnitud del impacto que han dejado en nuestra existencia? ¿Sabrán que las amamos con todo nuestro corazón? Miles de preguntas rondan por mi mente, algunas de ellas absurdas pero que a fin de cuentas han modificado mi personalidad y mi manera de pensar a lo largo de los años, por ejemplo, ¿está mal que me preocupe más por ayudar a un gato que a un ser humano? ¿seré mala persona porque me enternezca más un perrito que un bebé? ¿me convierte en un monstruo insensible el que me conmueva más ver a un animal sufriendo maltrato de la gente que un niño llorando de hambre en la calle?

A veces no puedo entender cómo hay gente que no quiere a los gatos o a los perros si son un amor. Tengo la teoría de que si cada habitante del planeta adoptara una mascota, el mundo sería un lugar mejor; habría menos personas estresadas y amargadas, los cardiólogos no tendrían tanto trabajo porque habría menos infartados, la gente sería más sincera y honesta, incluso viviría de 2 a 5 años más y sin duda alguna, las personas serían mucho más felices. Todos estos son algunos de los beneficios que proporciona una mascota peluda de cuatro patas y que cualquiera puede obtener.

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A pesar de que nos hayan dicho todo lo que nos dijeron y de que eran pocas las esperanzas que te daban de un diagnóstico favorable, ya estás aquí aunque te quedó la boquita chueca. Tu veterinario de cabecera nos dijo que podríamos quitarte un colmillo para que no te lastimara y podrías continuar con tu vida normal. Claro, habría que modificar algunas cosas como tu dieta y estar supervisándote constantemente, pero seguirás a nuestro lado dándonos alegrías y nosotros continuaremos brindándote todo el amor que podamos :)

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